A buena hora llegamos a este nuevo espacio que nos brinda la tecnología para comunicarnos y entendernos, pero más que eso, es hora de sacarle el jugo a la versatilidad que nos da un medio tan avanzado como la internet para así deternernos un momento a pensar, debatir y plantear un poco sobre las ideas y temas que actualmente están tocando la tecla en lo que se refiere a la evolución del surfing mundial, y más específicamente, al surfing nacional: el que se corre en las olitas de dos pies, pero del que sacamos la estela del poder y la creatividad.
Los surfistas venezolanos no podemos seguir acostados en una hamaca esperando a que llegue el próximo swell, mientras la sociedad sigue pensando que el sinónimo del surfing es un chamo con los dreadlocks pintados de amarillo, que escucha reaggae a todo volumen en un Land Cruiser 4500, con el prototipo de catira de publicidad cervecera como copiloto y la respectiva cava de cevada en el maletero del vehículo utilitario antes mencionado; el hecho es que existe algo más allá del prototipo que nos vendió California o Hawaii, donde encontramos una realidad más real en nuestro entorno, que no se aproxima pero ni en décimas a ese mundo de valores excelsos que comemos en las revistas de surf importadas, o en la publicidad televisada de aquella triztemente célebre tárjeta de crédito que todos conocemos. Lo cierto es que allí, en las orillas de las playas de nuestro litoral ha surgido una semilla, la de un nuevo ser, un nuevo ciudadano, que con su tabla bajo el brazo, ha decidido jugárselas todas en un deporte que si bien, en un principio perteneció a los más privilegiados por la desigual sociedad global que nos ha forjado hasta la actualidad, ahora ha sido literalmente arrebatado de la exclusividad de los pocos grupos que lo visionaron y expandieron por el planeta, por una masa en constante crecimiento de jóvenes de escasos recursos que ven en las olas el futuro que sus padres no tuvieron, o el sueño de una entrada de dinero digna que les permita llevar a sus casas los derechos de los que nunca han gozado.
Y es que esto no es nuevo, ni es una situación exclusiva de la Venezuela actual, sino que es algo que se está repitiendo con tal magnitud en países como Brasil, dónde los mejores surfistas están saliendo de las favelas o comunidades populares de la costa carioca; es el mismo caso en muchos países de Centroamérica, África y todo el sudeste asiático, por mencionar algunas áreas geográficas.
De alguna forma, el surfing como movimiento mundial actual está viviendo momentos de transformación, a veces hasta de crisis, y está muy lejos de quedar en un letargo o estanque, pués es ahora que las masas están pidiendo su popularización y justa credibilidad ante una sociedad que nos creyó en algún momento hippies desligados a la civilización. Es el momento de tomar las riendas de nuestro deporte y tomar conciencia de todo lo que se ha logrado hasta ahora y proyectarnos como colectivo hacia el logro de objetivos que llenen el vacío de las principales necesidades y requerimientos que demanda el surfing venezolano.
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